Petróleo – IIEE https://www.iiee.edu.pe Instituto Internacional de Economìa y Empresa Thu, 22 Dec 2022 19:52:13 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.4 https://www.iiee.edu.pe/wp-content/uploads/2021/11/LOGO-HORIZONTAL-removebg-preview-1-69x69.png Petróleo – IIEE https://www.iiee.edu.pe 32 32 ¿El Petroyuan amenaza la hegemonía del Petrodólar? https://www.iiee.edu.pe/el-petroyuan-amenaza-la-hegemonia-del-petrodolar/ https://www.iiee.edu.pe/el-petroyuan-amenaza-la-hegemonia-del-petrodolar/#respond Thu, 22 Dec 2022 00:00:58 +0000 https://www.iiee.edu.pe/?p=7941 Alejandro Narváez Liceras(*)

Mientras el mundo estaba embriagado con el mundial del fútbol, el presidente chino Xi Jinping, regresaba a su país con una treintena de acuerdos multimillonarios debajo del brazo firmados con sus socios estratégicos del golfo Pérsico, Oriente Medio y el Norte de África. Antes, el mandatario chino había asistido a dos cumbres: una entre China y los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) -que agrupa a las potencias árabes ricas en petróleo- y otra entre el “gigante asiático” y los líderes de los 22 países que integran la Liga Árabe. Estas cumbres suponen el inicio de “una nueva era” para las relaciones entre China y el mundo árabe, una estratégica región para los intereses geopolíticos chinos.

China es el mayor importador de petróleo del mundo y Arabia Saudita (miembro del CCG) es el mayor exportador del oro negro del mundo. Los saudíes consideran a China como su principal socio comercial con el 20% de sus exportaciones. Por otro lado, Arabia Saudita y Rusia, son los líderes de facto de la OPEP+, una organización de productores que extrae aproximadamente la mitad del petróleo que consume el mundo.

Ha pasado una década desde que Estados Unidos fuera el mayor socio comercial de Arabia Saudita. Y, en ese tiempo no sólo China ha superado a los norteamericanos, sino también India y Japón. El comercio entre Norteamérica y Arabia Saudita se redujo de unos 76,000 millones de dólares en 2012 a 29,000 millones de dólares en 2021.

En este escenario, la reciente visita de Xi Jinping, al mundo árabe, tiene varios significados en términos de geopolítica y geoeconomía. China necesita asegurarse la compra de crudo a los países del Golfo para tener sostenibilidad en los mercados mundiales ante la crisis energética global. Por su parte, los países del CCG buscan reforzar sus relaciones de cooperación estratégica con Pekín para mantener “su soberanía e integridad territorial” y finalmente, el “gigante asiático”, quiere ampliar su zona de influencia a través de su plan “Nuevas Rutas de la Seda” que empezó en 2013.

Las cumbres celebradas entre los líderes del mundo árabe y el presidente chino, han sido catalogadas como las más grandes y de más alto nivel desde la fundación de la República Popular de China. De este modo, Pekín se consolida como el mayor socio comercial y uno de los principales aliados estratégicos de esa región. También, sirvió para que Xi pida a sus socios árabes utilizar plenamente la Bolsa de Petróleo y Gas de Shanghái (INE, por sus siglas en ingles), para comercializar los contratos de futuros de petróleo en yuanes (divisa oficial de China).

Desafíos al sistema petrodólar

Después de la guerra árabe -israelí de 1973, también conocida como la guerra de Yom – Kippur (guerra del Ramadán), Estados Unidos aprovechó la buena posición que tenía el dólar en ese momento como moneda de referencia para fortalecer sus vínculos con los países árabes, principalmente, con Arabia Saudita. En 1975, todos los miembros de la OPEP acordaron vender su petróleo sólo en dólares, dando origen al llamado “sistema petrodólar”. Por lo tanto, todo país que demandará petróleo o sus derivados en el mundo tenía que comprar previamente dólares. El punto clave de este acuerdo fue la visita que hizo Henry Kissinger a Arabia Saudita en 1974.

Había dos razones principales para dicho acuerdo. La primera tiene que ver con la naturaleza de los cárteles. Para que el cartel de la OPEP pudiera funcionar a largo plazo sin problemas, era necesario que sus miembros aceptasen el dólar como moneda única en el comercio internacional del petróleo. La segunda razón fue que Estados Unidos daría su protección a los líderes de la OPEP contra invasiones extranjeras o levantamientos nacionales. A partir de ese momento, el sistema petrodólar se mantuvo sin sobresaltos durante veinticinco años.

Hasta noviembre de 2000, ningún país de la OPEP se había atrevido a violar los acuerdos pactados en 1975. Sin embargo, a finales de ese mismo año, Francia y otros miembros de la Unión Europea, convencieron a Saddam Hussein, presidente de Irak, a desafiar el sistema y comenzara a vender su petróleo en euros a cambio de alimentos. Sin embargo, el sueño de Hussein se truncó con la invasión de Estados Unidos a Irak en 2003.

En el 2009, el presidente Gaddafi, de Libia, se propuso dotar a su anhelado sueño de unos “Estados Unidos de África” de una moneda diferente al dólar. Nuevamente, este proyecto fracaso con el golpe de estado que sufrió. El tercer intento en realidad comenzó en el 2003, cuando Irán anuncio su deseo de abandonar el sistema petrodólar, para ello lanzó en el 2008 la Iranian Oil Bourse (bolsa de petróleo de Irán). La respuesta de Occidente fue ampliar las sanciones económicas contra ese país. Otra vez, el sueño iraní quedo en nada.

El debut del yuan chino en las finanzas mundiales

China después de superar a Estados Unidos como el principal importador de petróleo a escala global en 2017, aumento su influencia en la fijación de los precios internacionales del crudo. En marzo 2018, se emitieron por primera vez contratos de “futuros” sobre petróleo en yuanes, a través de la Bolsa Internacional de Petróleo y Gas de Shanghái. De este modo, el yuan, dio un gran paso en su larga marcha hacia la internacionalización, ya que los dos principales mercados financieros del mundo (Nueva York y Londres) habían perdido el monopolio sobre la emisión de contratos de futuros del petróleo.

Pero ¿Qué es un contrato de “futuros”? Es un contrato de compra-venta, aplazado en el tiempo, donde hoy se pacta el precio, el producto (en este caso, del petróleo) y la fecha en que se llevará a cabo la transacción o entrega. En el contrato de futuros ambas partes, comprador y vendedor, asumen una obligación. El comprador tiene la obligación de comprar (recibir) el producto (llamado activo subyacente) a cambio del pago del precio pactado en la fecha de vencimiento del contrato. Por su parte el vendedor tiene la obligación de vender (entregar) el producto a cambio del cobro del precio pactado en la fecha de vencimiento de dicho contrato.

Naturalmente, los contratos de “futuros’” sobre materias primas (en inglés commodities) abarcan una amplia gama de activos como oro, plata, cobre, algodón, soya, petróleo, maíz, etc. que se negocian en las bolsas de commodities y cotizan principalmente en dólares americanos.

¿Está en peligro la hegemonía del petrodólar?

A mi modo de ver, lo veo poco probable, al menos los próximos 5 – 10 años. Sin embargo, hay que reconocer la capacidad de China para ejecutar políticas de gran calado que impresionan y sorprenden al mundo. Es la segunda economía con aspiraciones de ser la primera en los próximos años, dispuesta a desafiar a la potencia mundial de referencia (Estados Unidos) para cuestionar el orden mundial vigente. No obstante, el yuan apenas representa, hoy, en torno al 10% del comercio mundial, mientras que el dólar todavía domina el 40 % de las transacciones internacionales.

Pekín busca cambiar esa situación y quiere hacer del yuan una moneda de referencia global. Para ello viene impulsando lo que ya se conoce como el petroyuan, y pide a sus proveedores de crudo que las transacciones se hagan en yuanes. El esfuerzo de China por internacionalizar su divisa está teniendo un éxito creciente después de algunos años de estancamiento, pero, sobre todo, empujado por los problemas geopolíticos y geoeconómicos que vive el mundo en los últimos años.

En 2017 China logró concretar el proyecto del petroyuan con ayuda de Rusia (tercer productor de petróleo del mundo). Los rusos aceptaron vender su petróleo en la nueva moneda. La idea se extendió a países como Irak, Irán, Angola, entre otros. El “gigante asiático”, aprovechando su posición de principal comprador de petróleo del mundo, puso sus condiciones a sus proveedores de comercializar el crudo en yuanes. Muchos países exportadores de petróleo necesitados de capitales chinos aceptaron tales condiciones.

En síntesis

El potencial de China es incuestionable. Su participación en el comercio mundial, en los flujos de capital internacional y en el PBI mundial, es casi igual a la de Estados Unidos. Tiene una divisa relativamente estable frente a otras divisas y frente a la inflación, y cuenta con grandes reservas de divisas y oro, etc. Estos son los aspectos positivos, que pueden ayudar al yuan a ser adoptada como moneda de reserva mundial.

Aún es pronto para afirmar con certeza que este nuevo movimiento de Pekín pueda dañar la hegemonía del dólar, pero la guerra monetaria está declarada. Veremos en los próximos años los movimientos estratégicos que hagan las dos superpotencias en el marco de esa pugna por el ansiado dominio monetario, que puede regir el mundo aprovechando las deudas que asumirán algunos países para salir del bache económico y financiero causado por la crisis del coronavirus y reforzada por la guerra en Ucrania.

Es muy difícil prever por dónde irán las cosas, pero sí está claro, que el sistema monetario internacional que gobierna el mundo desde los acuerdos de Bretton Woods (1944), esta tocado. En el mundo en el que vivimos, el tamaño sí importa y mucho, ya sea por el producto bruto interno que crea un país, o el número de manos laboriosas y mentes pensantes. Y, pronto los cerebros chinos serán mayoría, si no lo son, ya.

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(*) Es Profesor Principal de Economía Financiera en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y director del Instituto Internacional de Economía & Empresa.

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El ocaso del petróleo está muy lejos https://www.iiee.edu.pe/el-ocaso-del-petroleo-esta-muy-lejos/ https://www.iiee.edu.pe/el-ocaso-del-petroleo-esta-muy-lejos/#respond Mon, 18 Jul 2022 12:44:30 +0000 https://www.iiee.edu.pe/?p=7060 Alejandro Narváez Liceras

En medio de las voces que daban por muerto en un futuro cercano al petróleo, las proyecciones lanzadas por la principal organización productora de crudo y a la luz de la reciente crisis energética mundial, estamos ante un panorama muy diferente al que cabría esperar, atendiendo al discurso de la transición energética hacia las energías renovables. Muchos estudios de organismos internacionales apuntan hacia el mismo lugar: el cambio en la manera de producir la energía que nueve la economía mundial. Sin embargo, una cosa son los discursos y otra muy distinta es lo que viene ocurriendo en el mundo real.

El cartel de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC, por sus siglas en inglés), advierte que la muerte del petróleo no será tal. Es verdad que perderá peso progresivamente en la matriz energética mundial, pero, eso no significaría ni mucho menos su muerte o extinción temprana, como algunos erróneamente vaticinan.

El petróleo seguirá siendo el “rey”.

Según las Perspectivas Mundiales de Petróleo 2021 de la OPEC (World Oil Outlook 2045), se prevé que la demanda de petróleo aumente a largo plazo de 82.5 millones de barriles por día (bpd) en 2020 a 99 millones bpd en 2045. A pesar de la desaceleración del crecimiento de su demanda en la segunda parte del período proyectado 2020 – 2045 y el fuerte crecimiento de otras fuentes de energía, como las energías renovables, el gas y la nuclear, se espera que el petróleo conserve la mayor participación en la matriz energética mundial durante los próximos 25 años. En 2020, el petróleo representó el 30% de las necesidades energéticas globales. Junto con la recuperación de su demanda posterior al coronavirus, se prevé que su cuota de participación alcance el 28.1 % para 2045. Su peso en el mix energético global se reducirá ligeramente, pero seguirá siendo la principal fuente de energía en las próximas décadas.

 Las estimaciones de la OPEC son cifras desagradables para los promotores de los planes de descarbonización que se han impulsado principalmente, en Europa. ¿Por qué entonces aumentará la demanda de petróleo en el futuro? Porque no todo el planeta es Europa, ni todos los países son desarrollados. Se espera que la demanda en los países emergentes, llamados no desarrollados, alcance de 46.3 millones de bpd en 2020 a 70.3 millones de bpd en 2045, con un crecimiento de 1.7% anual en el periodo proyectado. El crecimiento de la demanda de petróleo en estos países, se atribuye principalmente, al aumento de la población y la expansión de las economías en Asia, África y Oriente Medio.

En cambio, en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), llamados desarrollados, la demanda de petróleo se ralentizará a largo plazo. En cifras, significa pasar de 36.3 millones de bpd en 2020 a 28.7 millones de bpd en 2045, con un crecimiento anual de – 0.9%. Esto puede deberse a un mayor desajuste del crecimiento económico debido a cambios estructurales y un impulso político que continúa poniendo mayor énfasis en la eficiencia energética y el despliegue de tecnologías bajas en carbono.

El más reciente informe del mercado del petróleo de la OPEC (12 de julio de 2022), por un lado, confirma su pronóstico de 2021, y por otro, revela que el crecimiento de la demanda mundial en este año se mantiene sin cambios con respecto a la evaluación del mes de junio último. Es decir, la demanda total de petróleo alcanzará este año un promedio de 100,3 millones bpd y para el año 2023 se espera que la demanda sea en promedio algo mayor, es decir, 103 millones de bpd.

La Agencia Internacional de Energía (AIE, adscrita a la OCDE), en su reporte de junio de 2022, difiere ligeramente con las estimaciones de la OPEC acerca de la demanda mundial de petróleo para los próximos años. El documento prevé que la demanda global puede situarse en 101.6 millones bpd en 2023, más de lo previsto hasta ahora y superando los niveles previos al coronavirus. Dicha demanda crecerá en 2.2 millones de bpd, frente a los 1.8 de 2022, y se concentrará en los países emergentes (no OCDE), China e India, principalmente.

La transición energética va muy lenta

Desde el acuerdo de Paris en 2015, se lanzó con gran entusiasmo la transición energética hacia las energías renovables. Se decía por entonces, que el uso de las energías fósiles (petróleo, carbón y gas) podría acabar en 2050, y que el uso de los renovales abastecer a 139 países que actualmente suponen el 99% del consumo mundial. Así lo sostiene un informe liderado por la Universidad de Stanford (2017) y en el que han participado otras universidades de Estados Unidos y Europa. El estudio señala que las energías renovables supondrían la creación de 52 millones de puestos de trabajo y compensaría con creces los empleos perdidos con la transición energética.

Es innegable, tras siglos de dominio mundial de las energías fósiles en la producción de energía, la transición hacia las renovables se abre paso. Pero muy lentamente. Se proyecta que la demanda de otras energías renovables (solar fotovoltaica y eólica, principalmente), se expanda de 6.8 millones de barriles equivalentes por día en 2020 a 36.6 millones de bpd en 2045. Son las fuentes de energía de más rápido crecimiento con una cuota de participación estimada de 10.4% en el mix global en 2045, frente a sólo el 2.5 % en 2020. No obstante, a este significativo avance, el consumo de las energías fósiles, representará según la propia OPEC, un elevado 69.9% (petróleo: 28.1%, Carbón: 17.4% y gas: 24.4%) en la matriz energética mundial en 2045.

La descarbonización en retroceso

Si a este panorama global de expansión en la demanda de petróleo y el lento avance de las renovables, se suman los recientes anuncios liderados por Alemania sobre la reactivación del consumo de carbón y la construcción de nuevas centrales eléctricas a carbón que tiene previsto China y la reciente instalación de una plataforma petrolera no tripuladas en el mar meridional, es difícil imaginarse que se pueda alcanzar el objetivo de 1.5 °C de aumento en la temperatura media mundial y la descarbonización de la economía. Los acuerdos de París (2015) son apenas un recuerdo mientras que los de la cumbre de Glasgow (2021) parecen extinguirse con las sanciones impuestas por occidente al petróleo y gas ruso.

Los actuales precios récord del gas natural no sólo están reduciendo la demanda mundial, sino que están obligando a algunos usuarios de esta energía a migrar al carbón y al petróleo. Por ejemplo, en Europa, el aumento continuo de precios está poniendo en desventaja de costos a muchas centrales de ciclo combinado (gas natural) respecto a las centrales alimentadas por carbón. La AIE estima que la demanda del gas caerá este año 2022 como los próximos ejercicios a escala mundial. En la Unión Europea, de largo el bloque regional más dependiente del gas ruso y, más afectado por el paquete de sanciones impuestas a Moscú, el precio del gas natural se ha multiplicado por ocho en menos de un año.

El cambio climático es un problema que atañe al planeta. Sin embargo, Estados Unidos ha abandonado el Acuerdo de Paris y la Unión Europea acaba de tomar la decisión de incluir en la clasificación o taxonomía verde al gas natural (energía fósil) y la energía nuclear. Por su parte, el presidente chino Xi, ya advirtió en enero último, contra una transición energética que interfiera con la “vida normal” de los chinos. Añadió, que la energía renovable debe volverse confiable antes de que se abandonen las fuentes de energía tradicionales. Más claro, ni el agua.

Millonarias inversiones en energía fósiles

El último informe anual Banking on Climate Chaos 2022, realizado por Rainforest Action Network y otros, revela que desde el Acuerdo de Paris 2015, los 60 bancos más grandes del mundo, financiaron inversiones en energías fósiles, con 4.6 billones de dólares y sólo en 2021 fue destinado 742, 000 millones. Los tres grandes bancos norteamericanos (Citi, Wells Fargo y Bank of América) en una reciente encuesta, preguntaron a sus accionistas si abandonarían los hidrocarburos por energías renovables, sólo el 11% estuvo a favor. En este escenario, la descarbonización de la economía, limitar el calentamiento global a 1. 5º C, es una quimera, al menos hasta 2050.  Mientras haya dinero barato y abundante, y  demanda de petróleo, nada hace proveer cambios en un horizonte cercano.

Apuntes finales

Quemando carbón, petróleo y gas, Occidente ha alcanzado niveles inéditos de desarrollo al que no están dispuestos a renunciar. En sólo 200 años hemos extraído del subsuelo unos combustibles que son el resultado de millones de años de fosilización. Era evidente que tendría consecuencias en el cambio climático que golpea tanto a países ricos como a países pobres, con la diferencia que estos últimos, no se han beneficiado de ese progreso, y sufren más al tener menos recursos para hacer frente a sus efectos catastróficos.

La retórica de descarbonizar la economía, de desengancharse de las energías fósiles, ha sido solo eso, retorica.  En 100 años no ha pasado nada radicalmente nuevo, por ejemplo, en el transporte, uno de los que produce más CO2, se ha seguido utilizando el mismo motor de combustión con variaciones. Claramente, el ocaso del “oro negro” está muy lejos. Las energías renovables avanzan demasiado lento. El tratado de Paris debió haberse implementado mucho antes, pero no se hizo (L7/16/7/22).

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