Alejandro Narváez Liceras(*)
El orden económico global vive un proceso de transformación profunda durante la presente década de 2020, marcada por cambios en la contribución relativa de las grandes economías al crecimiento mundial. Según proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para 2026, China y la India lideran la expansión global del Producto Bruto Interno (PBI) real, aportando conjuntamente más del 40 % de la contribución total al crecimiento económico global, superando ampliamente a Estados Unidos y las economías avanzadas del G 7.
Este artículo explora las causas económicas detrás de este cambio de paradigma, examina el auge de India y el relativo retroceso de Estados Unidos, y analiza los efectos que este nuevo escenario puede tener en la economía global, incluyendo el papel creciente de otras economías emergentes y el debilitamiento relativo de los países tradicionalmente dominantes.
El cambio estructural en la economía mundial
Históricamente, Estados Unidos ha liderado la economía global en términos de PIB total nominal. Para 2026, el FMI proyecta que su economía sigue siendo la economía más grande del mundo con un PBI nominal estimado en US$ 31,82 billones, pero su contribución relativa al crecimiento global ha perdido terreno frente a las economías asiáticas emergentes.
China, con un PBI nominal estimado en US$ 20,65 billones para el mismo año, se ha consolidado como el motor principal de la expansión económica mundial, destacándose no tanto por un ritmo de crecimiento extraordinariamente alto, sino por su enorme tamaño económico y su papel estructural en la producción global.
Esta dinámica también queda clara en las contribuciones relativas al PBI real global, donde el propio FMI reconoce que China aportará 26.6 % del crecimiento económico mundial en 2026, muy por encima de cualquier otra economía individual. India le sigue con 17 %, mientras que Estados Unidos aparece en tercer lugar con 9.9 % de la expansión global.
Estas cifras ilustran un reordenamiento estructural de la economía global, que no solo obedece a variaciones cíclicas, sino a tendencias profundas del nuevo orden mundial (Dalio, 2022).
Razones del ascenso chino
China ha construido durante décadas una base manufacturera dominante, con una integración vertical única en sectores clave como bienes de capital, manufactura de alto volumen y exportaciones globales. Esta estructura productiva le ha permitido mantener un crecimiento estable incluso cuando las economías occidentales han reducido sus tasas de expansión.
El FMI ha señalado que políticas fiscales y créditos orientados a inversión han impulsado el crecimiento de China en 2025 y 2026, incluso frente a presiones globales como aranceles y tensiones comerciales. El Banco Mundial también proyecta que la economía china seguirá expandiéndose en 2026, con tasas cercanas al 4 %, un ritmo inferior al de décadas anteriores, pero suficiente para sostener el papel de motor global.
Por otro lado, China sigue siendo centro logístico y de producción para economías asiáticas y africanas, reforzando un ecosistema de comercio e inversión que ha diversificado y estabilizado su crecimiento, en contraste con economías occidentales más orientadas al sector servicios.
El auge de India y su creciente peso relativo
India emerge como el segundo motor asiático detrás de China. Las proyecciones del FMI y de encuestas oficiales del gobierno indio estiman que su PBI crecerá entre 6.8 % y 7.3 % en 2026 27, impulsado por una demanda interna robusta, creciente consumo, reformas estructurales y políticas de inversión que han fortalecido su posición en la economía global.
India combina una macrodemografía favorable —con una población joven y en crecimiento— y un enfoque en modernización de infraestructura, manufactura y servicios, factores que favorecen su continuidad como uno de los principales contribuyentes al PBI real global. Este avance complementa, pero también compite con la trayectoria china, sugiriendo que Asia en su conjunto se está consolidando como el nuevo eje de crecimiento mundial.
Retroceso relativo de Estados Unidos y economías avanzadas
Aunque Estados Unidos sigue siendo la economía más grande en términos de volumen nominal de PBI, su contribución al crecimiento global ha disminuido como proporción del total. Este fenómeno no implica fracaso económico per se, sino una normalización relativa en un mundo donde las economías emergentes crecen más rápidamente desde bases más bajas.
De acuerdo con diversas fuentes, el crecimiento proyectado para Estados Unidos en 2026 ronda el 2.1 %, comparativamente más lento que sus pares emergentes, menor que el ritmo de India y cercano a las tasas chinas más moderadas.
Este menor dinamismo se explica por: i) Madurez tecnológica y menor elasticidad del consumo interno, ii) Desafíos demográficos y productividad en sectores tradicionales, iii) Tensiones comerciales y políticas proteccionistas que afectan el comercio y la inversión internacional y iv) Competencia en innovación desde Asia, sobre todo en manufactura avanzada, telecomunicaciones y sectores digitales.
La suma de estos factores ha reducido la participación relativa de Estados Unidos en la expansión del PBI global, traduciéndose en un menor impacto en el crecimiento mundial comparado con China e India.
Avance de otras economías emergentes y retroceso del G7
El cambio global no se explica únicamente por China e India. La proyección de la economía mundial del FMI menciona que los mercados emergentes y economías en desarrollo mantendrán tasas de crecimiento superiores al 4 % en 2026 y 2027, incluso cuando las economías avanzadas se enfrían.
Este grupo incluye países como Indonesia, Turquía, Nigeria y Brasil, que también aportan porcentajes crecientes al crecimiento global del PBI real, aunque el peso individual sea menor que el de China o India.
Mientras tanto, muchos países del G 7 (Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos) enfrentan crecimientos mediocres, reflejo de economías maduras que tienden a expandirse a ritmos más lentos, impulsadas más por el consumo que por la inversión o expansión productiva.
Efectos del nuevo escenario económico global
. Redefinición del liderazgo económico. El papel predominante de China —y el auge de India— obliga a repensar las relaciones económicas y geoestratégicas globales. La influencia de Asia en organismos multilaterales, comercio internacional, inversión extranjera directa y tecnología es cada vez más notoria, reduciendo el monopolio tradicional del liderazgo económico occidental.
. Reconfiguración de alianzas comerciales. La creciente interdependencia entre economías asiáticas favorece bloques económicos paralelos a los tradicionales (como la ASEAN, RCEP o BRICS), implicando una fragmentación del comercio global y una menor dependencia de mercados occidentales.
. Innovación y competencia. La aceleración de sectores tecnológicos, manufactura avanzada y digitalización en China e India presiona a los países del G 7 a reforzar sus políticas de innovación para no perder competitividad.
. Financiamiento y moneda. Aunque el dólar sigue siendo la moneda de reserva global dominante, mayores aportes al crecimiento mundial por parte de economías emergentes podrían impulsar el uso de otras monedas como ya lo vienen haciendo— el yuan, la rupia, el rublo, el real brasileño— en transacciones internacionales, desafiando la hegemonía financiera tradicional a largo plazo (aunque sin un reemplazo inmediato).
Conclusiones
Las últimas proyecciones del FMI y del Banco Mundial consolidan un cambio estructural en la economía global. China ha pasado de ser un motor secundario a ser el líder principal en la contribución al crecimiento del PIB real, acompañada por el fuerte avance de India y otros mercados emergentes.
Este proceso refleja fuerzas profundas en la economía mundial —incluyendo industrialización, demografía y políticas públicas territoriales— que han aumentado la participación de Asia en el crecimiento global y, al mismo tiempo, han reducido el peso relativo de economías avanzadas tradicionalmente dominantes como los países del G 7.
Entender este cambio es esencial para formular políticas económicas eficaces en un mundo multipolar, donde el crecimiento ya no es prerrogativa exclusiva de economías históricamente hegemónicas, sino un fenómeno compartido e impulsado especialmente por China, India y el conjunto de mercados emergentes. L:030226.
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(*) Es Doctor en Ciencias Económicas. Actualmente profesor principal de Economía Financiera en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y director del II&EE.